Relato de mis experiencias en una nueva etapa de mi vida: la independencia y en Tokyo (por eso, ando algo perdida).
11 Abril 2008
31 Marzo 2008
19 Marzo 2008
22 Enero 2008
17 Diciembre 2007
Hola a tod@s:
En mi búsqueda del momiji y los colores del otoño, además de mi temprana visita a Kamakura y mi rápida escapada a un parque cercano a mi casa, otro día fui a uno de los jardines más bellos de Tokyo, el Korakuen. Fui hace unas dos o tres semanas (jo, ya no lo recuerdo bien), después de mi clase de japonés y antes de entrar a currar y encontré los momiji (arce japonés) en su mayor esplendor.
No tengo mucho que comentar sobre esta visita, sólo hay que ver las imágenes y disfrutar de los increíbles colores otoñales. Hay muchas porque todos los encuadres y tomas eran increíbles así que me temo que en este post os vais a empachar un poco de otoño.
Tan sólo las agruparé en temas
1) Las hojas del otoño




2) Gama de colores otoñales (con predominio, por supuesto, del color rojo)



3) El intenso rojo del momiji (¡preparaos para morir de empacho! jeje)












4) El reflejo del momiji sobre el agua




5) Imagen muy japo

Bueno, y además quería desearos ya a tod@s FELICES FIESTAS y FELIZ 2008 porque ya no sé si podré escribir más hasta el año que viene. Me voy a España mañana 18 de diciembre y pasaré allí mis vacaciones. Voy a intentar escribir algún post pero no lo puedo asegurar. Muchas gracias a tod@s por seguirme durante todo el año y por el apoyo que me habéis dado en mis momentos más bajos.
Miles de besos para tod@s. ¡Disfrutad de las fiestas!
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6 Diciembre 2007

Uno de las características más importantes de la cultura japonesa es la importancia que dan al paso de las estaciones. Acontecimientos naturales como el florecimiento del cerezo , la floración de las hortensias o los lirios y el enrojecimiento de las hojas, tienen una gran importancia e influencia en la psique japonesa. Por ello, organizan excursiones para contemplar todos esos fenómenos, hay ofertas especiales, la gente lo comenta y los productos, la tele y la vida en general se tiñen de cada uno de los símbolos de la estación. Esto no es algo actual sino que se ve an la cultura japonesa desde antiguo. Así, muchos poemas clásicos utilizan los símbolos de cada estación para stiuar el contexto temporal. No les hace falta decir el nombre de la estación sino que simplemente poniendo "arce" o "cerezo" ya todos saben a qué momento del año se están refiriendo.
Aunque yo intento disfrutar de todos estos
cambios, a veces me pasan un poco más desapercibidos. Sin embargo, no puedo pasar por alto el otoño de Tokyo, que se ha convertido aquí en mi estación favorita. Ahora no tengo ningun puente pero he aprovechado varias mañanas o partes de mi día libre para intentar buscar entre el caos urbano, los colores otoñales, y especialmente el rojo del momiji (Por ejemplo, en mi reciente excursión a Kamakura ).
El pasado martes 27 tuve que trabajar haciendo unas entrevistas de trabajo en el Ministerio de Asuntos Exteriores (fue curioso estar por primera vez en el otro lado y ver a los candidatos tan nerviosos mientras yo pensaba "pero ¿de qué tienen nervios?, si yo no tengo ninguna autoridad"). Muy cerca del Ministerio está el edificio de la Dieta (el parlamento japonés) y desde una de las plantas donde yo estaba había una vista extraordinaria de la Dieta rodeada de los árboles otoñales en diferentes colores y gradaciones (y eso que aún no había llegado al máximo de intensidad de rojo):
Por la tarde de ese mismo día, fui a un parque que hay cerca de mi casa que tiene muchisimos árboles y también el espectáculo otoñal era increíble. Juzgad vosotros mismos:




Y lo mejor y más increíble fue que en este parque encontré dos momiji (nombre para el arce japonés pero también para el color rojo de las hojas otoñales), uno de ellos de un rojo tan intenso que parecía de ficción, parecía pintado. Primero, el que tenía un color un poco más granate:


Y el otro momiji que yo llamo "de ciencia ficción". Podría haber estado horas contemplándolo. La verdad es que, realmente, ese rojo me cautiva (y la pena es que en la foto no se aprecia tan bien):

Un primer plano de su intensidad:

Y un contraste de este momiji con otro de un rojo algo más apagado:

Y yo debajo del momiji, con jersey color momiji, je, je:

En breve, una próxima entrega del increíble otoño tokyota.
Muchas gracias a tod@s por comentar.
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30 Noviembre 2007
Hola a tod@s:
Los que me seguís asiduamente tal vez recordáis que uno de mis lugares favoritos de Japón es Kamakura, una ciudad marítima pequeña llena de templos y montañas. Y lo bueno es que está a sólo una hora de mi casa. Por eso, ya que el otoño es tan absolutamente maravilloso en Japón, decidí visitar de nuevo esta zona para poder ver los templos rodeados de hojas rojas. Los que queráis ver más imágenes y explicaciones detalladas de Kamakura (ahora no las voy a dar tanto) podéis ver Kamakura primera parte, Kamakura segunda parte, Kamakura tercera parte y Kamakura en primavera con mis padres.
Esta vez decidí visitar algunos templos más alejados de la zona más turística y cogí un autobús hacia la parte este. El primer templo que vi se llamaba Komyoji y fue construido en 1243 y pertenecía a la secta budista de la tierra pura. Pese a ser domingo, al ser un templo poco famoso, no había mucha gente:


Lo malo es que el otoño no había llegado a su plenitud en Kamakura pero aún así se puede ver un poco la gradación de colores en las montañas (al fondo) y en el jardín del templo:



Normalmente estos templos budistas no se pueden visitar por dentro, pero debía de haber habido alguna celebración y estaba abierto, por lo que hice varias tomas del interior:


Después visité otro templo, Kuhonji (construido en 1336), muy pequeño y tranquilo:

Ese día era estupendo y hacía un tiempo buenísimo por lo que después de perderme un rato por algunas calles buscando otros templos que no me encontré, llegué hasta la zona de la playa. Después de varios meses, pude de nuevo disfrutar del mar y además junto a un precioso paisaje de montaña:

Y logré hacerme una foto a mí misma con el mar de fondo:

Realicé un paseo muy agradable junto al mar que estaba muy animado, lleno de gente y con numerosos surfistas.
Después llegué a otro templo (cerca de mi amado Hasedera) cuyo nombre no logré averiguar:

Lo que más me gustó dentro del templo, fue la fuente que tenían para purificarse:

Este templo está en lo alto de una colina, por lo que ofrece impresionantes vistas de la montaña (que ya empezaba a teñirse de los característicos colores del otoño) y de la playa:


Y desde aquí me dirigí a la joya de Kamakura, el Buda gigante (más conocido como Daibutsu) que ya había visitado en verano (con la vegetación en pleno verdor) y en primavera (con los cerezos como telón de fondo). Yo esperaba encontrarme el Daibutsu rodeado de árboles de hojas rojas, pero sólo había un momiji (el arce, el árbol otoñal más famoso de Japón) junto al que todos nos hacíamos fotos. Le pedí a una parejita que me hiciera una foto en la que se me ve con el momiji detrás y al fondo el gran Buda de Kamakura:

Y para ver bien las tonalidades rojas, un detalle de la hoja de momiji:

Y os he preparado un pequeño montaje con imágenes del Buda en otoño (primera foto, la más reciente y con el Buda más de lejos), en primavera (la segunda, con el cerezo) y en verano (la foto de debajo):

Y una última imagen del Daibutsu desde detrás y con árboles otoñales al fondo:

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11 Noviembre 2007
Este post es continuación de Hokkaido segunda parte. Asahiyama y Furano.
En mi tercer día en Hokkaido decidí hacer una excursión por mi cuenta a la zona del lago Toya (Tokayo) donde además se podía visitar un volcán todavía en actividad con un inmenso cráter.
Para acceder a esta zona cogí un autobús de línea regular que salía desde la estación de Sapporo. Era un autobús normal que efectuaba varias paradas antes de llegar al punto final de destino. Me sorprendió (nuevamente) el paisaje que podía contemplar a través de las ventanillas, ya que eran todo montañas completamente cubiertas por árboles; miles de árboles, todos de una frondosidad tan tupida y espesa que no se podía ver la tierra, todo era verdor. Por eso, mirara a donde se mirara, sólo había árboles y más árboles como una sábana de intenso verde extendida sobre los montes. Algunos de ellos estaban cubiertos por nubes.
Más o menos al cabo de una hora y media, el autobús hizo una parada en una estación de servicio o algo parecido. Este fue el paisaje que pude contemplar:

Allí parados había también un grupo de militares pero no tengo ni idea de que es lo que harían por allí:

Poco antes de llegar ya se podían ver las primeras escenas del lago:

Por fin terminó el viaje y nos encontrábamos ya en la zona del lago. Estaba bastante nublado pero el paisaje era muy interesante. Se puede visitar la zona con algunos barcos que ofrecen rutas, para observar, por ejemplo, las islas circundantes:


Mi intención era ir andando desde el lago hasta el volcán Usu (objetivo fundamental de mi visita) y desde donde también habría vistas del lago, del océano Pacífico y de otro volcán aún humeante llamado Showa Shinzan. Pero el paseo alrededor del lago terminaba y no parecía que estuviera cerca la zona del volcán pese a que en todos los lugares (mapas, guías, etc.) había leído que estaba cerca. Continué andando y aparecí en una carretera, y ya bastante desesperada porque parecía que el famoso volcán no estaba cerca y ni siquiera a la vista. Sólo veía carretera delante de mi pero ni un alma ni, desde luego, indicación alguna:

Por todo ello, cada vez me sentía más agobiada y, finalmente, opté por entrar a un hotel que allí había para preguntar. Allí me explican que el volcán está bastante lejos para ir andando, a más de una hora a pie. Amablemente, la señorita del hotel consultó un horario de autobuses (autobuses que, para más inri, salían del mismo sitio donde me había dejado el autocar de Sapporo) y resultaba que justo acababa de perder uno y ya no había otro hasta las 12:45 (y aún faltaba una hora y media). Por eso, pensé que si había ido hasta allí sola, había cogido un autobús para acercarme a esa zona remota, había tratado de superar mi tristeza, ¿iba a poder conmigo ese contratiempo? Pues no, no lo iba a permitir, por lo que me armé de valor y decidí ir andando. Tengo que confesar que sí, que fue durillo pues se trataba de pura carretera, sólo con arcenes (a veces extremadamente estrechos) y, por supuesto, sin aceras. Además, eso de ir caminando por una carretera solitaria debía resultar bastante extraño para los conductores japoneses: una "gaijin" sola andando por el arcén de una carretera de una zona de Hokkaido adonde ni siquiera llegan los trenes.
Por el camino me consolé pensando que, al menos, estaba pudiendo disfrutar de unas vistas únicas que otros se perdían por ir en coche, pero lo cierto, es que desde arriba del volcán, luego las vería aún mejor. Aún así, os pongo algunas de ellas, las que me más me gustaron:


A lo largo de este camino, vi ya la cumbre humeante del volcán aunque luego, en la zona de aparcamientos (sniff, sniff, donde llegaba todo el mundo motorizado) se podría ver aún mejor:

El último trecho fue el más difícil pues tenía bastante pendiente, vamos que era toda una señora cuesta. Además, hacía mucho viento bastante fresco que me daba de lleno en la cara (y recordad que además estaba bastante constipada porque ya sabéis que el refrán dice que todo se junta; así que con ese viento aún me resfrié más). Y en este punto, al menos, la vegetación era bastante bonita:



Y EN EXCLUSIVA, por primera vez en este blog ¡mi voz! Es que como me sentía sola y un poco hasta las narices de esa caminata, grabé con la cámara desde esa carretera (recordad, solitaria y en la que sólo pasaban coches a toda velocidad) la parte de arriba del volcán Showa Shinzan y comento (subid el volumen si no lo oís bien, je, je) con mis palabras lo que siento al tiempo que explico las imágenes. PONED ALTAVOCES (claro, esto si me queréis oír, je, je):
Por si con el vídeo no se ve muy bien el humo de la montaña Showa Shinzan (al lado del volcán Usu, que es al que se podía subir), aquí tenéis las fotos de
lo que yo veía:

Y, cuando por fin, llegué al fin del camino, resultaba que desde ahí había unas vistas estupendas de esa montaña, además con una preciosa pradera verde delante:


Desde esa parte se podía coger un teleférico que llegaba justo hasta la cumbre del volcán Usu (donde había vistas de esta otra montaña de las que he puesto imágenes, del océano Pacífico e incluso del lago Toya).
El viaje en teleférico la verdad es que es muy bonito pero también bastante caro. Y (como se observa, por ejemplo, en la segunda foto) las vistas eran impresionantes:



Y ya desde la cumbre del monte Showa Shinzan, vistas del monte Usu y del lago Toya:

Desde el lugar donde nos dejaba el teleférico, ya se observaba perfectamente las paredes humeantes del volcán:


Había un pequeño camino pavimentado que llevaba hasta un punto privilegiado de observación del cráter del volcán y cuyo paisaje lleno de diferentes verdes y marrones es también digno de ser mostrado:

Y al fin, alcancé la zona del cráter. Un cráter formado por la erupción de 1977 y que tiene 350 metros de diámetro:




Además, resulta que existía una ruta que rodeaba todo el cráter humeante pero había una indicación donde decía que la duración aproximada de esa excursión era de 40 minutos. En ese momento eran la una del mediodía y se suponía que todavía tenía que volver al teleférico (que pasa cada quince minutos) calculando bien el tiempo para poder coger el autobús hacia la zona del lago, que salía de la base del monte a las 14:15 porque ya el siguiente era a las 15:00, tal vez demasiado tarde para llegar bien al lago, coger el autobús a Sapporo y después el avión. Además estaba muy cansada pues recordad que había hecho un largo camino por la carretera. Me dio bastante pena no poder hacer este recorrido, todo de escaleras, porque parecía realmente precioso y además el humo llegaba hasta la base misma del sendero:


Y para ver mejor el cráter y este camino, desde aquí también hice un vídeo (y también con VOZ, como los dos anteriores):
La pena es que si hubiera sabido desde el principio que este volcán no estaba tan cerca del lago, podría haber cogido el autobús desde allí para llegar con tiempo y menos cansada y así realizar esta ruta.
Por lo tanto, decidí volver y al bajar del teleférico me tomé un ramen típico de Hokkaido en un pequeño establecimiento que allí había:

Después de comer, me subo al autobús que en 15 minutos (frente a la más de una hora de caminata que había realizado yo) me lleva al lago y aún me sobra una hora hasta la salida del siguiente autobús (el que me llevaría a Sapporo). La verdad es que esto de los autobuses resulta ser un rollo, porque me sobraba tiempo pero, por ejemplo, no suficiente para poder hacer una excursión en barco de las que allí había. Sin embargo, tengo la fortuna de descubrir un onsen público (y, por tanto, gratis) para pies. Hokkaido, como casi todo Japón es rico en aguas termales debido precisamente a la existencia de volcanes. Gracias a estas aguas termales para pies y piernas me repongo de mi fatigante excursión:


Hay que ver lo a gustito que estuve, je, je:


Y después del relax, cogí el autobús hasta Sapporo; desde allí, el tren hasta el aeropuerto; después el avión hasta Haneda y, por último, en Tokyo, dos trenes para, POR FIN, llegar a mi casa.
Y así acaba el relato de mi mini viaje por la isla más septentrional de Japón.
Muchas gracias a tod@s por leerme y comentarme. Vosotros sí que sois mi bocanada de aire fresco.
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Os he contestado a tod@s en los post anteriores (incluso algunos bastantes antiguos).
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