La Coctelera

Lost in Tokyo

Relato de mis experiencias en una nueva etapa de mi vida: la independencia y en Tokyo (por eso, ando algo perdida).

Categoría: onsen

11 Noviembre 2007

Hokkaido tercera parte. El lago Toya y el volcán Usu

Este post es continuación de Hokkaido segunda parte. Asahiyama y Furano.

En mi tercer día en Hokkaido decidí hacer una excursión por mi cuenta a la zona del lago Toya (Tokayo) donde además se podía visitar un volcán todavía en actividad con un inmenso cráter.

Para acceder a esta zona cogí un autobús de línea regular que salía desde la estación de Sapporo. Era un autobús normal que efectuaba varias paradas antes de llegar al punto final de destino. Me sorprendió (nuevamente) el paisaje que podía contemplar a través de las ventanillas, ya que eran todo montañas completamente cubiertas por árboles; miles de árboles, todos de una frondosidad tan tupida y espesa que no se podía ver la tierra, todo era verdor. Por eso, mirara a donde se mirara, sólo había árboles y más árboles como una sábana de intenso verde extendida sobre los montes. Algunos de ellos estaban cubiertos por nubes.

Más o menos al cabo de una hora y media, el autobús hizo una parada en una estación de servicio o algo parecido. Este fue el paisaje que pude contemplar:

Allí parados había también un grupo de militares pero no tengo ni idea de que es lo que harían por allí:

Poco antes de llegar ya se podían ver las primeras escenas del lago:

Por fin terminó el viaje y nos encontrábamos ya en la zona del lago. Estaba bastante nublado pero el paisaje era muy interesante. Se puede visitar la zona con algunos barcos que ofrecen rutas, para observar, por ejemplo, las islas circundantes:

Mi intención era ir andando desde el lago hasta el volcán Usu (objetivo fundamental de mi visita) y desde donde también habría vistas del lago, del océano Pacífico y de otro volcán aún humeante llamado Showa Shinzan. Pero el paseo alrededor del lago terminaba y no parecía que estuviera cerca la zona del volcán pese a que en todos los lugares (mapas, guías, etc.) había leído que estaba cerca. Continué andando y aparecí en una carretera, y ya bastante desesperada porque parecía que el famoso volcán no estaba cerca y ni siquiera a la vista. Sólo veía carretera delante de mi pero ni un alma ni, desde luego, indicación alguna:

Por todo ello, cada vez me sentía más agobiada y, finalmente, opté por entrar a un hotel que allí había para preguntar. Allí me explican que el volcán está bastante lejos para ir andando, a más de una hora a pie. Amablemente, la señorita del hotel consultó un horario de autobuses (autobuses que, para más inri, salían del mismo sitio donde me había dejado el autocar de Sapporo) y resultaba que justo acababa de perder uno y ya no había otro hasta las 12:45 (y aún faltaba una hora y media). Por eso, pensé que si había ido hasta allí sola, había cogido un autobús para acercarme a esa zona remota, había tratado de superar mi tristeza, ¿iba a poder conmigo ese contratiempo? Pues no, no lo iba a permitir, por lo que me armé de valor y decidí ir andando. Tengo que confesar que sí, que fue durillo pues se trataba de pura carretera, sólo con arcenes (a veces extremadamente estrechos) y, por supuesto, sin aceras. Además, eso de ir caminando por una carretera solitaria debía resultar bastante extraño para los conductores japoneses: una "gaijin" sola andando por el arcén de una carretera de una zona de Hokkaido adonde ni siquiera llegan los trenes.

Por el camino me consolé pensando que, al menos, estaba pudiendo disfrutar de unas vistas únicas que otros se perdían por ir en coche, pero lo cierto, es que desde arriba del volcán, luego las vería aún mejor. Aún así, os pongo algunas de ellas, las que me más me gustaron:

A lo largo de este camino, vi ya la cumbre humeante del volcán aunque luego, en la zona de aparcamientos (sniff, sniff, donde llegaba todo el mundo motorizado) se podría ver aún mejor:

El último trecho fue el más difícil pues tenía bastante pendiente, vamos que era toda una señora cuesta. Además, hacía mucho viento bastante fresco que me daba de lleno en la cara (y recordad que además estaba bastante constipada porque ya sabéis que el refrán dice que todo se junta; así que con ese viento aún me resfrié más). Y en este punto, al menos, la vegetación era bastante bonita:

Y EN EXCLUSIVA, por primera vez en este blog ¡mi voz! Es que como me sentía sola y un poco hasta las narices de esa caminata, grabé con la cámara desde esa carretera (recordad, solitaria y en la que sólo pasaban coches a toda velocidad) la parte de arriba del volcán Showa Shinzan y comento (subid el volumen si no lo oís bien, je, je) con mis palabras lo que siento al tiempo que explico las imágenes. PONED ALTAVOCES (claro, esto si me queréis oír, je, je):

Por si con el vídeo no se ve muy bien el humo de la montaña Showa Shinzan (al lado del volcán Usu, que es al que se podía subir), aquí tenéis las fotos de
lo que yo veía:

Y, cuando por fin, llegué al fin del camino, resultaba que desde ahí había unas vistas estupendas de esa montaña, además con una preciosa pradera verde delante:

Desde esa parte se podía coger un teleférico que llegaba justo hasta la cumbre del volcán Usu (donde había vistas de esta otra montaña de las que he puesto imágenes, del océano Pacífico e incluso del lago Toya).

El viaje en teleférico la verdad es que es muy bonito pero también bastante caro. Y (como se observa, por ejemplo, en la segunda foto) las vistas eran impresionantes:

Y ya desde la cumbre del monte Showa Shinzan, vistas del monte Usu y del lago Toya:

Desde el lugar donde nos dejaba el teleférico, ya se observaba perfectamente las paredes humeantes del volcán:

Había un pequeño camino pavimentado que llevaba hasta un punto privilegiado de observación del cráter del volcán y cuyo paisaje lleno de diferentes verdes y marrones es también digno de ser mostrado:

Y al fin, alcancé la zona del cráter. Un cráter formado por la erupción de 1977 y que tiene 350 metros de diámetro:

Además, resulta que existía una ruta que rodeaba todo el cráter humeante pero había una indicación donde decía que la duración aproximada de esa excursión era de 40 minutos. En ese momento eran la una del mediodía y se suponía que todavía tenía que volver al teleférico (que pasa cada quince minutos) calculando bien el tiempo para poder coger el autobús hacia la zona del lago, que salía de la base del monte a las 14:15 porque ya el siguiente era a las 15:00, tal vez demasiado tarde para llegar bien al lago, coger el autobús a Sapporo y después el avión. Además estaba muy cansada pues recordad que había hecho un largo camino por la carretera. Me dio bastante pena no poder hacer este recorrido, todo de escaleras, porque parecía realmente precioso y además el humo llegaba hasta la base misma del sendero:

Y para ver mejor el cráter y este camino, desde aquí también hice un vídeo (y también con VOZ, como los dos anteriores):

La pena es que si hubiera sabido desde el principio que este volcán no estaba tan cerca del lago, podría haber cogido el autobús desde allí para llegar con tiempo y menos cansada y así realizar esta ruta.

Por lo tanto, decidí volver y al bajar del teleférico me tomé un ramen típico de Hokkaido en un pequeño establecimiento que allí había:

Después de comer, me subo al autobús que en 15 minutos (frente a la más de una hora de caminata que había realizado yo) me lleva al lago y aún me sobra una hora hasta la salida del siguiente autobús (el que me llevaría a Sapporo). La verdad es que esto de los autobuses resulta ser un rollo, porque me sobraba tiempo pero, por ejemplo, no suficiente para poder hacer una excursión en barco de las que allí había. Sin embargo, tengo la fortuna de descubrir un onsen público (y, por tanto, gratis) para pies. Hokkaido, como casi todo Japón es rico en aguas termales debido precisamente a la existencia de volcanes. Gracias a estas aguas termales para pies y piernas me repongo de mi fatigante excursión:

Hay que ver lo a gustito que estuve, je, je:

Y después del relax, cogí el autobús hasta Sapporo; desde allí, el tren hasta el aeropuerto; después el avión hasta Haneda y, por último, en Tokyo, dos trenes para, POR FIN, llegar a mi casa.

Y así acaba el relato de mi mini viaje por la isla más septentrional de Japón.

Muchas gracias a tod@s por leerme y comentarme. Vosotros sí que sois mi bocanada de aire fresco.

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Os he contestado a tod@s en los post anteriores (incluso algunos bastantes antiguos).

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2 Octubre 2007

De turismo por Ise y Toba. Cuarta parte

Hola a tod@s:

¡Por fin la última parte de mi relato del viaje por Ise y Toba!

Este post es continuación de De turismo por Ise y Toba. Primera parte: visita al Naiku, De turismo por Ise y Toba. Segunda parte: los barrios de Edo, visita al Geku, ryokan en Ise y De turismo por Ise y Toba. Tercera parte: Futami Ga Ura.

Desde Futamigaura cojo él tren hasta la zona de Toba pero llego a mi ryokan antes de las tres que es la hora del check-in. Sin embargo, la dueña (una señora con cara de geisha) me atiende muy amable y me deja coger ya en ese momento la habitación. Ésta es mucho más amplia que la de Ise pero de aspecto un poco peor. Tiene baño dentro de la habitación, además de televisión, aire acondicionado y una neverita antediluviana: las bebidas del interior parecen botellas de los años 50 pero miro la caducidad y todo parece en orden. El dormitorio es de tatami con su futón y su mesita baja y silla con respaldo. La televisión es bastante moderna. Además hay otra mesa baja que tiene encima una máquina de agua caliente, un bote de té, una tetera y una tacita. En la mesa me han dejado la típica toallita húmeda que dan antes de las comidas para limpiarse las manos pero, que en esta situación, no entiendo por qué me han puesto ya que no hay nada de comer:

Decido irme rápidamente para visitar la isla Mikimoto de las perlas, uno de los centros turísticos más importantes de Toba. Se trata de un gran trozo de tierra rodeada de agua pero unida al terreno por un puente cubierto y con amplios ventanales. En realidad, toda la isla es un parque temático de las perlas al que cuesta acceder la friolera de 1500 yenes:

En la primera foto podéis ver la isla (con un cartel con el nombre, aunque creo que no se puede apreciar) y una parte del puente, y en la segunda un detalle del puente desde el interior:

Esta isla recibe el nombre de Mikimoto porque fue un señor llamado así el creador del sistema de cultivo de las perlas y todo el sistema de fecundación de las ostras. Este método se utiliza hoy en todo el mundo pero fue Mikimoto el inventor. En la isla, por tanto, hay un enorme museo que explica absolutamente todo sobre el cultivo de perlas. Es realmente completo y con toda clase de explicaciones.

Sin embargo el atractivo máximo de esta isla son las amasan, las buscadoras de perlas naturales. Toba es famosa por estas mujeres que, ataviadas con vestidos blancos, se lanzan al agua con cubetas de madera y recogen perlas del fondo, sin usar ningún tipo de botella de oxígeno. Sin embargo, la demostración fue bastante pobre. En un pequeño barco, había tres de estas mujeres que recogieron algunas ostras, siempre con el cubo de madera atado a su muñeca:

Después de esto volví al ryokan donde disfruté de un relajante baño en el ofuro. Además, este ofuro estaba rodeado de cristaleras desde las que se veía el mar.

A eso de las ocho (sabiendo que en estos pequeños pueblos todo cierra muy muy pronto) salí a buscar algún restaurante donde cenar. Entré en uno que tenía un menú en inglés y además la señora que me atendió era realmente amable. Decidí pedir hotate (vieiras) a la plancha, que son realmente famosas allí. Me sirven un abundante plato de este molusco acompañado de setas japonesas y también de trozos de tomate recortados de una forma muy graciosa. Como siempre, me ponen también tsukemono (verduras encurtidas) que no me suele gustar, pero esta variedad estaba realmente buena. Todo esto costaba sólo 700 yenes. Además pedí un bol de arroz (200 yenes). Estaba todo delicioso:

Y por fin llegó el último día de mi miniviaje por la zona. El desayuno en el ryokan estaba riquísimo y la habitación de estilo japonés en el que me lo sirvieron era muy bonita:

Era mucho mejor que el del día anterior pues tenía menos verduras aunque me pusieron un huevo frito que no me gusta. Había tofu colocado entre pedazos de hielo, tsukemono, un pescado asado, un bol con migas de carne (¡muy rico!) y ¡angulas!, sí, sí, como lo leéis. También había, como siempre, arroz y podía servirme las veces que quisiera desde el bol de madera que estaba al lado. Para beber té verde y se podía beber también las veces que se quisiera. Y de postre dos trozos peladitos de una fruta que creo que era melocotón:

Ese martes decidí coger un barco y visitar una isla llamada "Isla de los delfines" donde según la publicidad se podían tocar delfines, uno de mis sueños. De hecho, mi nick irukina proviene de la palabra japonesa イルカ (iruka) que significa 'delfín'. Son unos animales que me encantan y siempre he querido poder bañarme con ellos. Incluso en la carrera de lingüística realicé un trabajo sobre la comunicación de estos cetáceos. Por todo ello, decidí realizar una excursión a esta isla. Hasta ella se accedía en un barco de estilo muy disney:

Sin embargo, esta isla resultó ser un parque temático decadente y cutre que tal vez había tenido una gloria pasada de la que no quedaba nada. Las instalaciones estaban viejas y las zonas de monte eran realmente intransitables. Había muchísimos insectos, goteras y partes oxidadas. La playa con la que cuenta la isla quizás se pudo usar en el pasado pero ahora se la ve absolutamente abandonada y no sólo por el mal tiempo sino que parecía descuidada. De hecho, la gente que visita la isla ni siquiera se acerca a esta zona. Os muestro varias imágenes de la playa, los aseos con los que cuenta y los caminos por la pequeña montaña circundante:

En la isla había un triste espectáculo con una foca. Lo más interesante era la forma de acceder allí ya que estaba en lo alto de una colina y había que subirse en una especie de telesilla:

Del lamentable espectáculo de la foca no os enseñaré nada pero si de las vistas que había desde esa pequeña montaña:

En otra parte de la isla había también un espectáculo de delfines que era más que lamentable. Los delfines daban sólo una o dos vueltas y cogían un par de aros. Creo (je, je) que los animalillos de querían rebelar porque el adiestrador no paraba de hablar y de hecho, estuvo mucho más tiempo hablando él que los delfines actuando. Daba la impresión de que no querían responder a sus órdenes. Yo no entendía lo que decía pero para mí que normalmente está más currado (o debería estarlo).

Lo único bueno de esta parte del parque es que esta zona donde están los delfines no es una piscina sino una parte de mar, es decir, como una especie de playa limitada por una red muy alta. Por lo tanto, se trata de agua de mar de verdad lo que supone menos cloro y menos productos de limpieza, aunque imagino que debe de ser una tortura para ellos estar tan cerca de la libertad y no poder tocarla. Además, los delfines están separados en dos grupos por una red y juegan constantemente alrededor de ella pero no se pueden tocar. Parece que se quieran encontrar.

La verdad es que las condiciones del parque y el ambiente llegaban a producir, en algunos momentos, una desagradable sensación de desazón. Por ejemplo, había un túnel que conectaba la zona de los delfines con la playa realmente decadente y ruinoso:

En la isla hay otra zona para delfines. Se trata de una pequeña piscina con una de sus partes de cristal desde donde se puede ver a estos cetáceos bucear y zambullirse. En este espacio hay sólo dos delfines que tampoco parecían muy felices aunque, de vez en cuando, daban algún salto:

Y una toma a través del cristal que hay en una de las paredes de la piscina:

Precisamente esta zona es donde se puede tocar a los delfines. Existe una pequeña plataforma donde se coloca uno de los delfines, y en grupos de tres se les podía acariciar. Nada más llegar, comprobé el horario en que se podía tener esta experiencia y quince minutos antes de la hora, me presenté allí. Sin embargo, al llegar, me llevé un gran chasco puesto que resulta que había que pedir número puesto que había un cupo de 12 personas por sesión. Como era lo que realmente más me interesaba y era algo que, de verdad quería probar (algo con lo que siempre había sábado), me apunté para la siguiente sesión para la que faltaban casi dos horas por lo que no tuve más remedio que quedarme en esa isla decadente un buen rato más. Y POR FIN llegó la hora. En un rápido japonés, la cuidadora nos explicó las normas y nos repitió varias veces que no hiciéramos nada raro puesto que podría ser peligroso (no dejan de ser animales salvajes). Además había que ponerse unas botas de goma que ellos mismos proporcionaban. La pena es que yo no iba con nadie así que pensaba que no tendría fotos de este momento tan especial. Sin embargo, un chico japonés que estaba haciendo fotos a su novia, me dijo que yo también salía en ellas por lo que le di mi email y me las envió (yo soy la que está más cerca de las rejas):

Para mi esta experiencia fue algo realmente especial. Las demás personas tocaban poco a los delfines y no sé si con miedo pero yo los acaricié desde el corazón. Y no me limité a tocar un costado sino también la cabeza y el lomo. Y, al tiempo que pasaba la mano por su cuerpo, le decía en voz baja que nos perdonara a los humanos por todas las cosas que le estábamos haciendo, tales como tenerlos encerrados. El tacto del delfín era (como yo tantas veces había imaginado) gomoso, liso y suave pero caliente en torno a la zona de la cabeza.

Después de esta experiencia cogí el tren para volver a Ise desde donde, por la noche, salía el autobús hacia Tokyo. El paisaje que veo a través de las ventanillas es encantador y totalmente japonés: campos de arroz, casitas pequeñas rústicas, etc.

Al llegar a Ise, como quedaba bastante tiempo para la salida del autobús, decido irme de nuevo al antiguo barrio samurái de Okage Yokocho, puesto que estaba llena de tiendas de souvenirs y puestos de comida, para merendar algo y poder hacer algunas compritas y regalitos. Además, allí había un pequeño museo de maquetas a escala casi real que reproducen la vida real en esa zona en la época Edo y que la anterior vez no había podido visitar. Era una exhibición pequeña pero muy interesante y didáctica:

Y tras hacer algunas compras y comer unos dulces, emprendí la vuelta al cosmopolita Tokyo. Siento el retraso en esta última entrega pero me quedé sin cámara de fotos y tuve que usar mi móvil japonés cuya tecnología es incompatible con mi ordenador, así que ha sido un poco difícil. Pero espero que os haya gustado.

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Sigo queriéndoos daros las gracias por todo vuestro ánimo y apoyo. Mi momento bajo y oscuro aún no ha acabado pero no es tan constante como antes. Aún así, las mañanas siguen siendo muy tristes. Y encima me he pillado un constipado de no te menees. No paro de toser y apenas tengo voz. Fui al médico el domingo pero esto de la comunicación en japonés es muy difícil y además de no enterarme de lo que tengo (mi tos parece de bronquitis pero ni idea), las medicinas que me dieron eran para sólo para un día: ¿extraño, no? Me dieron un antibiótico, mucolítico y otras pastillas para la tos pero solo en dosis para un día. Y claro, ya estamos a martes y aún estoy hecha polvo. Y estar así pochita me hace sentirme más tristona y necesitas más mimitos, snifff.

Miles de gracias y besos para tod@s

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13 Septiembre 2007

Kusatsu y algo personal 2. Actualización ataque de histeria

Lo primero, miles de gracias a tod@s y al final de este post, retomaré un poco el asunto.

Está pendiente desde más de un mes el último capítulo sobre mi viaje a Toba, pero tengo algunos problemas técnicos con algunas fotos que espero poder solucionar pronto. Os prometo que será una entrada muy interesante (o eso espero), llena de fotos y con algunas anécdotas, historias y asuntos realmente curiosos y diferentes. Recemos a los kami (dioses sintoístas) de la tecnología para desear que pueda obsequiaros con esas fotos.

Así que hoy voy contar una excursión que hicimos estas vacaciones de agosto antes de que ocurriera todo esto . La verdad es que durante mi semana de vacaciones ha hecho un calor horroroso con una humedad extrema por lo que decidimos hacer una escapada a una zona de montaña situada en la prefectura de Gunma, llamada Kusatsu, donde el calor ofrecía una tregua.

Me había recomendado esta zona una estudiante que había pasado allí unos días. Kusatsu es uno de los lugares más famosos de Japón por sus aguas termales. Se dice que allí no sólo son de una enorme calidad sino que son muy abundantes y saludables.

Además de los onsen (aguas termales) Kusatu, al ser una zona natural, cuenta con numerosos parajes naturales, como el monte Shirano. Ésta montaña de 2160 metros es en realidad un volcán en cuyo cráter hay un lago de agua color esmeralda.

A este volcán se puede acceder hasta justo la base en autobús o en teleférico, pero también se puede optar por subir caminando, por una ruta de unas tres horas y media. Nosotros nos decidimos por la ruta a pie puesto que lo que queríamos era rodearnos de la naturaleza y caminar un poquillo. Apenas nos cruzamos con dos personas en todo el camino, por lo que pudimos disfrutar de magníficos paisajes como el de esta cascada medio escondida entre los árboles:

Toda la última parte del camino estaba rodeado de un tipo de plantas que no supimos identificar y que os muestro en esta foto (Con "bicha" incluida):

Después de unas dos horas y media de camino, la vegetación se acaba y comienza el ascenso de lo que es el volcán propiamente dicho. En esta parte el paisaje es totalmente diferente, muy seco, lleno de cráteres y hendiduras y de aspecto lunar. Y todo ello acompañado de un maloliente olor, digamos a algo así como a (no vayamos a ser finos) pedo, pues alrededor está lleno de aguas ricas en azufre de la que se nutren todos los onsen de la región.

Cuando llegamos justo a la base del volcán, nos encontramos con un enjambre de japoneses que habían llegado allí en autobús, coche o teleférico y solo recorrían a pie el último tramo del camino, de unos 50 metros.

La verdad es que aunque el volcán no tiene mucho más que visitar que el cráter, merece la pena pues está lleno de agua de un espectacular color. Os dejo dos instantáneas para que vosotros mismos juzguéis:

Y desde arriba la vista de la estación de autobuses, el camino de ascenso (lleno de japoneses como hormiguitas) y la naturaleza circundante:

Para volver al pueblo cogimos un autobús y nos dirigimos hacia el pueblo donde hay numerosos onsen, algunos de ellos gratuitos. Sin embargo lo que a mí me apetecía probar era un rotenburo (onsen al aire libre) del que me había hablado mi estudiante, muy famoso por ser uno de los más grandes de Japón ya que puede albergar a más de cien personas. Este recinto de aguas termales está situado en un parque hasta el que llegan numerosos riachuelos y manantiales llenos de agua caliente, de los que sale vapor y donde la gente se moja los pies (y algunos niños se remojan el cuerpo entero):

Y, por razones obvias de desnudez y demás, no os puedo mostrar imágenes del interior del onsen pero sí de la parte exterior:

Como se observa en la foto, está rodeado de naturaleza por lo que es muy agradable darse un baño caliente contemplando las montañas y los árboles.

Y para terminar, unas bonitas flores alpinas de Kusatsu:

A Kusatsu se puede acceder en tren expreso (pero caro, como todos los trenes aquí) desde la estación de Ueno (Tokyo) y desde allí se coge un autobús que en 10 minutos nos lleva al centro del pueblo. No es el lugar más interesante de Japón pero es bonito y agradable para una excursión de un día. Si a alguien le interesa visitarlo podéis obtener información (en inglés) en esta página.

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Bueno, pues quería de nuevo daros las gracias a todos los que me habéis escrito y animado tanto con vuestras palabras. La verdad es que no esperaba una respuesta tan cálida ni masiva y, de hecho, habéis casi conseguido récord de comentarios (sólo superados por los del artículo No es un post fetichista, por razones obvias de búsquedas de cierta palabra en google). La verdad es que me gustaría deciros a tod@s que estoy mucho mejor pero no quiero mentir; esto es duro y lento y supongo que necesito tiempo, paciencia y esperanza. Todos me habéis dado muy buenos consejos y os prometo que intento seguirlos aunque a veces me agobio, me enfado y pierdo la paciencia pensando que todo es una mierda. En definitiva, que me he sentido muy arropada y todo ello ha suplido un poco la falta de cariño y contacto físico que tengo aquí.

El domingo me voy de viaje a Hokkaido hasta el martes. El viaje me apetecía pero la verdad es que ahora me da un poco de miedo y tristeza. Temo sentirme demasiado sola, puesto que no voy acompañada, y que, por tanto, mi cabecita piense más de lo necesario. Pero intentaré acordarme de todos vosotros y de que debo hacer buenas fotos y tomar nota de cada detalle para poder enseñároslo en futuros posts.

Miles de gracias a tod@s

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Actualizo para deciros a todos que después de un año aquí, pensando que me libraba de las cucarachas, me ha salido de repente hoy una y enorme corriendo por la casa. Pensaréis que es absurdo asustarse pero es que las tengo FOBIA, auténtica FOBIA. No las soporto y desde el primer día, como sé que en Japón hay muchas, puse cebos y los he cambiado varias veces. Pero hoy, de repente, ha aparecido una negra, gorda y grande. Me ha entrado un ataque de histeria increíble y aún estoy temblando. Es lo que tienen las fobias. Es que, de verdad, es lo que me faltaba. Creo que me la he cargado porque he echado muchísimo insecticida pero ahora no estoy tranquila y no sé si podré dormir. Porque además recordad duermo en un futón en el suelo. De verdad, que mal rato.

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28 años. Profesora de español en Tokyo. A veces perdida, a veces me encuentro. En cualquier caso, viviendo y descubriendo nuevas cosas cada día. Pero seguiré contandoos mis experiencias en este raro y peculiar país.

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