Este post es continuación de Viaje por la región de Chubu. Segundo día: Kanazawa.

Desde la estación de Kanazawa cogimos un autobús rumbo a Wajima, un pequeño pueblo de pescadores pero muy famoso por ser el centro más importante del país en fabricación de laca japonesa o urushi Wajima está situado en la costa de la Península de Noto, zona especialmente conocida por sus playas (Mar de Japón) y su excelente pescado y marisco.

Al bajar del autobús, tras unas dos horas de viaje, nos encontramos en un pueblo oscuro y desierto en el que no había absolutamente nadie que pudiera indicarnos el camino hasta nuestro alojamiento. Después de intentar descifrar nuestro rudimentario mapa de este pequeño pueblo, echamos a andar por lo que parecía la calle principal y, en una bocacalle, distinguimos, de pronto, el nombre del edificio que buscábamos. Esta vez nos alojábamos en un minshuku, una especie de pensión regentada por una familia.

Este alojamiento era el más caro de todos, unos 7000 yenes, pero incluía desayuno (del que os hablaré a lo largo de este post) así como un pequeño onsen interior (nos dimos antes de dormir un relajante baño). Al llegar allí, nos recibió una señora extremadamente amable que nos llevó a nuestra habitación. Y aquí pudimos disfrutar el auténtico sabor de lo japonés. La habitación era de estilo totalmente nipón. Consistía en dos espacios de seis tatamis cada uno: uno destinado a saloncito (donde la dueña nos había dejado preparado un termo de té caliente) y otro para dormir. Cada uno de ellos, estaba separado por unas puertas correderas decoradas con pinturas japonesas. Las ventanas estaban cubiertas por shoji (una especie de marco de madera enrejado con un papel blanco fino pero resistente que deja pasar la luz). Además la habitación tenía mesa baja al estilo japonés y un pequeño tokonoma, donde además de la tradicional caligrafía habían colocado una televisión. También aquí teníamos yukata y además una prenda similar a una chaqueta gruesa para ponerse por encima y no pasar frío. Por supuesto, el suelo era de tatami:

En la mesa, había una caja lacada típica de la artesanía del urushi que fabrican en este pueblo. Era muy muy bonita:

Y también podéis verme a mí con el yukata así como con la chaqueta que nos daban:

Como os he adelantado más arriba, en el minshuku teníamos incluido el desayuno. Así, a eso de las 7:30 de la mañana (y tal como nos había indicado la señora, pues además parecíamos ser las únicas huéspedes de la pensión) bajamos a desayunar, esperando encontrar unos bollos, tostadas o algo similar, pero en su lugar, nos sorprendieron con un completísimo desayuno al estilo tradicional japonés con pescado, arroz, ensalada, verduras encurtidas, y algunos otros alimentos cuyo nombre desconozco. Imaginamos que la sueña habrñia estado´algunas horas preparando todos esos platitos. Os muestro dos fotos, una de ellas desde arriba:

Y como nueva muestra de la amabilidad y hospitalidad japonesas, la señora del minshuku nos regaló a cada una tres objetos típicos: un tazón, unos palillos y un pañuelo. Lo que hizo fue poner tres montones y nos permitió elegir una cosa de cada uno de ellos.

Quiero insistir mucho en la increíble y encantadora simpatía y amabilidad de la señora del minshuku. Nos trataba con una educación y un trato realmente agradables y sus inclinacions y reverencias eran francamente pronunciadas y llamativas. Nos quedamos con las ganas de nosotras también hacerle algún regalo de algo típico español pero, la verdad, es que no teníamos nada

Ya con la luz del día, salimos a la calle donde nos encontramos con un pequeño pueblo lleno de encanto donde las casas conservan aún su sabor antiguo y más tradicional. Si en Kanazawa el barrio de casas antiguas es un espacio turístico y conservado casi tan sólo como una reliquia, aquí forma parte de lo cotidiano. Son sus casas y sus calles. El tiempo parecía haberse detenido varios años atras y creíamos que en cualquier momento, un grupo de samuráis aparecerían.

La parte más famosa de Wajima es lo que se conoce como Asa Ichi o "calle de la mañana". Allí, cada mañana, numerosas mujeres mayores venden diferentes productos marinos (pescados, mariscos, algas, etc.) que durante la noche han pescado sus hijos o maridos, así como objetos de artesanía:

Esta es la calle también donde se encuentran todas las tiendas que venden los diferentes objetos lacados: palillos, taza, cuadros, platos, cajas, floreros, muñecas, bandejas, etc. en los más variados diseños y colores. Aquí una vez más sentimos la amabilidad de las gentes japonesas pues en casi todas las tiendas al entrar nos ofrecían un poco de té o hasta algún pequeño aperitivo. Incluso, en una de ellas, nos sirvieron el té en vasos lacados para poder apreciarlo mejor:

Tengo que confesaros que Vanessa y yo nos volvimos locas comprando y salió a la luz toda nuestra nipofilia y atracción hacia la decoración japonesa. Por eso, adquirimos numerosos adornos, cajas o partes de vajilla lacados para nuestras futuras casas de inspiración oriental.

En el pueblo había además un centro de la laca donde había expuestas varias obras de laca increíbles (como, por ejemplo, un palanquín negro con remates dorados) y existía un pequeño museo donde no sólo podían leerse explicaciones sobre el proceso de fabricación del urushi, sino que, por el módico precio de 200 yenes, se podían "aprender" los rudimentos de esta técnica, Por supuesto, nosotras nos apuntamos y un señor viejito nos demostró por qué estas piezas son tan caras: simplemente dibujar con el punzón sobre la laca, es realmente difícil:

Y el resultado de parte de nuestra obra (je, je):

Wajima además de ser un pueblecito al lado del mar, está bañado por un río cuya desembocadura forma un bello triángulo junto a las casas antiguas de madera. Por toda esta zona dimos un agradable paseo hasta llegar (pasando por una pequeña colina) a la zona de playas y mar:

Ese día, a pesar del frío viento, lucía mucho el sol, por lo que la vista del mar y la playa era realmente impresionante. Además, no había nadie por lo que la visión idílica del lugar quedaba realzada. Era el Japón más profundo y natural: mar, naturaleza, pesca...

Después comimos en un restaurante donde la carta estaba completamente en japonés pero además con una caligrafía algo complicada que me costaba bastante entender. Eso sí, el diseño era muy acorde con todo este ambiente japonés que os estoy intentando transmitir. Después de descifrarla un poco, con la ayuda de una camarera, pedimos unos pequeños rodaballos frescos (a punto estuvieron de mordernos, je, je) que nosotras mismas podíamos asar, a nuestro gusto, en un pequeño fuego. Y todo acompañado, como en todo buen menú japonés, de arroz y sopa de miso:

Después de comer, cargadas de bolsas e infundidas de lo más tradicional de Japón, emprendimos la vuelta.

En definitiva, Wajima fue el disfrute del auténtico sabor japonés: su gente, su amabilidad, su gastronomía, sus paisajes, su artesanía, y sobre todo su ambiente.... una auténtica experiencia nipona. Un pueblo pequeño pero altamente recomendable.

Y así concluye la serie sobre la región de Chubu.

--------
Aprovecho este post para daros una buena noticia que conozco desde hace tiempo pero que aún no había comentado. Hace algunas semanas me llegó la nota de mi examen de japonés y ¡he aprobado! con un 337 de 400. Ahora a intentar el siguiente nivel pero la verdad es que hay un gran escalón.

¡Saludos para tod@s! Gracias por leerme

-------------

Ver este mismo post en el nuevo blog. Comentarios allí