La semana pasada he disfrutado de un puente de 3 días ya que el lunes 16 era festivo por ser "El día del mar", por lo que pude unirlo al domingo y al martes que es el día que libro. Tenía muchas ganas de conocer alguna otra zona de Japón por lo que decidí visitar Ise (importante centro sintoísta), Futamigaura (donde están las famosas rocas del matrimonio y es un importante pueblo marino) y Toba (famoso por su marisco, el cultivo de perlas, sus islas y la playa). Son tres lugares en la prefectura de Mie (en el Este de Japón, pero más cerca de Kyoto que de Tokyo) en los que podemos disfrutar de naturaleza, templos y gastronomía.

Es la primera vez en mi vida que realizo un viaje de turismo sola y eso me ha provocado sensaciones agridulces. Por una parte, me siento contenta conmigo misma por haber sido capaz de organizar todo el recorrido, reservar los ryokan más adecuados, elegir los medios de transporte, planificar las visitas... todo eso me ha hecho sentir independiente y dueña de mi misma. Pero, por otra, ha habido momentos de demasiada soledad y en los que echaba de menos alguien con quien compartir todo lo que iba viendo, alguien con quien hablar, reírme y bromear y, en especial, he echado muchísimo de menos a Dani (como bien él sabe) con quien he realizado viajes maravillosos. Estando solo, aunque uno mismo decide todo lo que ve y donde va en cada momento, las cosas buenas se disfrutan la mitad, pues los seres humanos somos seres sociales por naturaleza pero al tiempo se goza de una agradable sensación de independencia y orgullo. Bueno y tras esta introducción personal rollazo y sin que sirva de precedente (no quería hablar tanto de cosas personales) os voy a narrar en varias entregas mi viaje por la prefectura de Mie y, en concreto, por tres localidades: Ise, Futamigaura y Toba.

Creo que muchos sabéis los astronómicos precios que alcanzan aquí los trenes (eso sí, de gran rapidez y puntualidad) así que decidí coger un autobús nocturno cuyo precio (ida y vuelta) es de 14.000 yenes, cuando un billete de tren sólo de ida cuesta la misma cantidad. Además, como el recorrido se realiza durante la noche, también podemos ahorrar un día de hotel. Hay dos turnos de autobús para llegar hasta Ise desde Ikebukuro (en Tokyo), a las 22:00 y a las 23:00 y en unas 8 o 9 horas se llega a esa pequeña población. A mí me preocupaba un poco la comodidad de este autobús y, sin embargo, me resultó mucho más cómodo que el avión pues hay una gran separación entre el asiento delantero y trasero y además no hay cuatro butacas por fila sino sólo tres (es decir, hay una butaca, un pasillo, otra butaca, otro pasillo y la tercera butaca). El asiento es reclinable (permite un alto grado de inclinación) y hay amplios reposapiernas y reposa pies. Por supuesto, también tiene baño:

Armada con mi mochilón llegué a Ise hacia las 7 de la mañana donde lloviznaba un poco pero no tanto como esperaba dado que había un aviso de
tifón fuerte pero del que, finalmente, me libré. Ise es una pequeña localidad cuya fama se debe a que acoge el templo sintoísta más importante de Japón, tal vez, sería un poco como el Vaticano para los católicos. Este santuario sintoísta recibe el nombre de Ise Jingu y está dividido en dos partes situadas en dos lugares diferentes de la ciudad. Por una parte tenemos el Naiku (o templo interior) situado a las afueras de Ise y, por otro, el Geku (o templo exterior) localizado en pleno centro de la población.

Decidí visitar en primer lugar el Naiku, ligeramente más importante para,en previsión de que se llenara de fieles, turistas y curiosos, visitarlo con un poco más de tranquilidad (pues era ciertamente temprano). Para llegar al Naiku podemos optar por un paseo de unos 40 minutos o coger un autobús que cuesta la friolera de 410 yenes y nos deja a la entrada del recinto sintoísta en unos 10 minutos.

Las diferentes construcciones de este templo están realizadas en madera sin utilizar ni un solo clavo. Lo más característico de la arquitectura shinto son lo torii, esas puertas de madera formadas por tras palos. Al llegar al Naiku, lo primero que nos recibe es un enorme torii, y habrá mucho otros a lo largo de todo el recinto, jalonando un camino de pinos y exuberante naturaleza hasta llegar al edificio principal.

Aquí la entrada (con el elemento del pino, muy importante en Japón):

Tras atravesar este primer torii nos encontramos en un puente (de madera, por supuesto) que salva un río muy caudaloso y que ya nos adelante la maravillosa naturaleza que hay aquí. Os enseño el anterior torii desde el puente, la vista del río y otra imagen del puente en la que se ve otro torii, pero en este caso al final del puente:

Durante mi visita al Naiku el tiempo era de ligera lluvia y muy nublado y neblinoso lo que, lejos de ser desagradable, le daba mucho más encanto a los jardines, las montañas y los torii. Creo que con un amplio sol no tendría ese espíritu y encanto. El paisaje era absolutamente maravilloso, lleno de pinos y frondosa vegetación, donde los torii y pequeños santuarios (siempre de madera) se integran a la perfección. Realmente estas construcciones de madera (sin clavos, ni ningún tipo de barniz o adorno superfluo) mezclado con los pinos recortados, la montaña absolutamente densa de vegetación y el río caudaloso, lo convierten en un paisaje bellísimo. Eso sí, se trata de una naturaleza ordenada y controlada, algo típico de los nipones. Podemos encontrar ejemplos de este control en os jardines que hallamos tras atravesar ese puente que habéis visto:

Del mismo modo, las zonas de acceso al río están perfectamente limpias y aseguradas con redes (muy naturales eso sí) que impiden el paso al torbellino de agua:

A lo largo de todos los caminitos de piedras una horda de jardineros con rudimentarias escobas limpia el suelo de las hojas y ramitas que continuamente caen de los pinos:

Tras esos jardincillos de los pinos recortados llega el acceso propiamente dicho a la zona del santuario (aunque aún queda un poco lejos el edificio principal) precedido, como siempre, de esas construcciones de madera con cazuelitas de agua que hay en todos los templos sintoístas, que los fieles usan para limpiarse bien cara, manos y brazos, ya que la pureza y la limpieza es un elemento fundamental del shinto:

Y poco después, otro torii:

En un lateral, otro puente precedido de su correspondiente torii nos lleva a un pequeño santuario. Desde el puente podemos contemplar la fuerza del río:

A lo largo del camino, hay otros pequeños templos como éste, cuya construcción (que recuerda un poco a los hórreos) es la más típica de los santuarios shinto:

Y tras este camino de gran relax para los sentidos, se llega al Naiku propiamente dicho, el santuario más importante de Japón. La entrada está totalmente prohibida, a la primera parte sólo pueden acceder monjes y, al interior, tan sólo la familia imperial, pues creo que ya sabéis que según el sintoísmo el emperador pertenece al linaje divino, es descendiente de los dioses. Además cualquier fotografía está prohibida por lo que sólo tengo una desde las escaleras anteriores (la parte del altar es la única que se puede ver, pero sin fotos y, para vigilarlo, hay un guardia permanente):

Y desde lejos, se puede atisbar un poco el tejado del Naiku, que tiene algo de oro, el único metal que hay en toda la construcción y sólo en esta parte:

Una curiosidad de los santuarios sintoístas es que, por esa idea de purificación, son reconstruidos completamente cada 20 años, es decir, se tiran y se vuelven a edificar pasadas esas dos décadas.

En uno de los jardines hay una serie de gallinas y gallos pero ignoro la razón (¿se los comerán?):

Con esto, termina el relato de la primera parte del primer día (pero habrás muchaas más entregas, je, je).

Gracias a tod@s

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